viernes, 28 de noviembre de 2008

Se retira el más grande de todos los tiempos


José Marcelo Salas Melinao deja el fútbol. Lo hace vistiendo la camiseta de sus amores, la Universidad de Chile, el equipo que lo vio consagrarse como una estrella ascendente del firmamento chileno poco acostumbrado a un talento como el del "Matador". Desde 1993 a la fecha, Marcelo Salas, máximo goleador de la historia de la selección con 37 tantos, comenzó a destellar en cada partido y en cada cancha que pisó, marcando la diferencia desde el minuto 1; en el minuto 90 no quedaba otra que aplaudirlo de pie.

El artista con el balón en los pies, brilló como nunca nadie lo hizo en las ligas más competitivas del mundo: Argentina e Italia. Llegó a River Plate tras darle el bicampeonato a la Universidad de Chile que no levantaba copa alguna desde hacía 25 años, hasta que apareció el temquense y se enroló la azul, la camiseta que jamás dejaría donde quiera que fuera. En su primer superclásico del país vecino, el "Matador" logró convertirle un gol a Boca Juniors, que a pesar de la derrota sufrida por los del barrio de Núñez, la exigente hinchada "Millonaria" comenzaba a vislumbrar a un chileno desconocido, con talento, ganas y profesionalismo, trabajando arduamente todas las semanas en busca de algo jamás logrado, triunfar en una tierra ajena para los chilenos, en un país con talento incomparable y poco sediento de producto extranjero, sobre todo si venía de una liga "amateur" como la chilena. Pero apareció el "Shileno". Salas no sólo le dio títulos y jerarquía internacional a River Plate, sino que logró marcar un antes y un después en la historia del equipo de la banda sangre, convirtiéndose en un ídolo, un "fenómeno". Luego de dos años, el de Temuco sintió que nuevos aires en su carrera debían llegar, no sólo pensando en su consagración, sino en lo que venía a nivel de selección, camiseta con la cual logró triunfos memorables.

Con la selección marcó 37 tantos en partidos oficiales. Las últimas dos conquistas, las consiguió en Montevideo, frente a Uruguay en el temido Centenario, escenario que por partidos eliminatorios, nunca había sido favorable para Chile. Con Marcelo Bielsa al mando de la "Roja", Marcelo Salas era titular, dando pocas luces de un buen partido, por lo que el "Loco" se aprestaba a cambiarlo por Luis Jiménez. Pero algo pasó. El "Matador" apareció. Tras buen despliegue de Hugo Droguett por el centro de la cancha, Carlos Villanueva logró interceptar el balón y pudo centrar hasta donde estaba Salas, quien, con un olfato envidiable, se lanzó en busca del balón, que a la postre, entraría sin problemas en el arco uruguayo, enmudeciendo a un estadio completo; a miles de kilómetros, 15 millones no cabían en su emoción; José Marcelo Salas volvía en gloria y majestad. Luego, lograría convertir lo que sería su último gol con la "Roja" de todos, conectando un correcto penal para darle el 2-1 parcial a los chilenos, que a la postre, se llevarían un valioso empate del país Charrúa.

Llegaba el año 1998 y Europa se rendía ante los pies de un chileno. Finalmente, la Lazio de Italia lograba hacerse con los servicios del "Matador", ofreciéndole un jugoso contrato y grandes posibilidades de ser titular en la mejor liga del mundo. Arribaba a la capital italiana tras una descollante actuación en el Mundial de Francia, marcando 4 goles, 2 de ellos precisamente a su país anfitrión, Italia. No podía ser de otra manera. Marcelo Salas se convertía en el mejor debutante en la historia del Calcio al lograr 23 goles; era el principio de una "aplanadora". Con Salas en cancha, la Lazio logró 5 títulos para su vitrina, incluido el esquivo Scudetto. Con ello, y gracias a una campaña bordeando la perfección, el "Matador" era objetivo de los "Pesos pesados" de Europa. Dentro de esos equipos, se encontraba la Juventus, el conjunto de Turín que desembolsó la suma más grande de la historia por un jugador chileno: la no despreciable cantidad de 25 millones de dólares. Tras la firma del contrato, La Vecchia Señora logró tener al apetecido "Matador", que a pesar de estar condicionado por las constantes lesiones y por la gran competitividad existente dentro del equipo italiano, logró darle dos Scudettos. Aunque no tuvo gran participación, sí fue determinante en los momentos en los que pudo estar y aportar; a fin de cuentas, el "Matador" siempre fue un luchador y en ese equipo, no fue la excepción.

Con 28 años, Marcelo Salas sentía que ya no tenía mucho que decir en Europa, sumado a que River Plate lo quería de vuelta, sobre todo si el chileno Manuel Pellegrini llevaba las riendas del equipo argentino. La dupla nacional hizo ruido en el país trasandino, ya que lograron llegar a la final de la Copa Sudamericana y lograr el campeonato de clausura del 2004. Luego de dos años, y tras la eliminación de la Copa Libertadores, el "Matador" hacía maletas para retornar a Chile, después de más de 7 años dejando en alto el nombre de Chile en pastos foráneos que nunca más olvidarían a un grande.

El segundo semestre del 2006 marcó el retorno del temuquense al equipo de sus amores, denostando emoción y nostalgia por los momentos que había vivido en los inicios de su carrera, donde la Universidad de Chile había tenido una tremenda campaña (semifinales de la Copa Libertadores incluida), sólo comparable con el "Ballet azul" liderada por Leonel Sanchez, otro ídolo del conjunto universitario. El "Matador" no pudo revalidar lo hecho anteriormente, pero de todas formas, pudo meter a los azules en dos finales y completar más de 200 partidos oficiales en primera división, marca registrada de un verdadero ídolo de multitudes.

Tras la eliminación del conjunto dirigido por Arturo Salah en el Clausura a manos de Cobreloa, y donde Salas marcó dos goles, se comenzó a esbozar la posibilidad de que el "Matador" finalmente colgaría los botines. Como un secreto a voces dentro del caracol azul, se tilda el retiro del ídolo más grande que ha tenido el país, ya que el "Matador" aún no anuncia su partida oficial, aunque sus más cercanos, han confirmado el alejamiento definitivo de las canchas de un talento inigualable.

Una generación entera creció con Marcelo Salas. Desde su explosión en 1994, pasando por la sensación de escuchar a miles de argentinos vitoreando al "Shileno" en un Monumental de Núñez colmado de gente, hasta su huella imborrable en los pastos italianos, dejando a hinchas de la Lazio y a aficionados de la Juventus, con el recuerdo de un chileno que alguna vez pasó por esos lejanos rincones europeos, donde se demostró que latinoamérica no sólo es Brasil y Argentina, sino que Chile, se sumaba a la lista de países con valores exportables. Zamorano y Salas abrieron las puertas de un camino que ni siquiera había sido construido. Hoy, Chile y su fútbol han crecido; Chile llora el retiro del "Matador", pero al mismo tiempo, el país aplaude de pie a un maestro del fútbol nacional, a un chileno que vino desde Temuco a hacer historia, a hacer de Chile, el rincón más lejano del mundo, pero más querido, por los que jamás imaginaron que tendrían de ídolo a un tipo sencillo y de personalidad introvertida, pero de fiereza incomparable dentro de la cancha. Si se trataba de Salas, la historia y el destino no podrían tener otro final.

2 comentarios:

Lautaro dijo...

Hola!
sabes quiero hablar contigo, soy una antigua amiga tuya de chgte, pero no se como hacerlo, ¿podrías darme tu email?
Gracias!

Lautaro dijo...

ah! y este no es mi nombre, es que no tengo una cuenta en google ni blog así que utilize el de otra persona...