
domingo, 24 de mayo de 2009
Bachelet ya escribió la historia

viernes, 8 de mayo de 2009
Alberto Cutié y el debate del celibato en el siglo XXI
El reverendo Alberto Cutié fue sorprendido hace unos días en una playa de Miami en compañía de una mujer, con actitudes que evidenciaban la relación con dicha persona más allá de una simple amistad. Las imágenes difundidas dieron la vuelta al mundo desatando el escándalo en torno a los sacerdotes y el celibato, que muchas veces se ha violado descaradamente, y que el Vaticano sólo responde con su profundo arrepentimiento y el perdón por los errores de una institución que tantas veces ha encubierto falencias sobre las reglas que ellos mismos han sentado, provocando un choque entre necesidades tan humanas y las imposiciones del compromiso con Dios y con la iglesia una vez convertido al sacerdocio.
miércoles, 6 de mayo de 2009
Nadie sabe para quién trabaja
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lunes, 4 de mayo de 2009
Temblor en la "Familia del tenis"

Fernando González remece los medios de comunicación con cada partido que gana, y cada momento que ha construido a lo largo de 10 años de carrera, pero el “Bombardero de la Reina” también sabe de impactos mediáticos de otro orden, ya que estremeció a todos los fanáticos del tenis tras anunciar su definitiva e indeclinable renuncia al equipo chileno de Copa Davis, mientras se mantenga la actual directiva de la Federación de Tenis, encabezada por José Hinzpeter, reciente ganador de los comicios electorales hace algunas semanas.
El tenista explicó que durante el proceso eleccionario, no había hecho ningún tipo de declaración, pero ahora sería la única y exclusiva oportunidad donde el santiaguino hablaría, afirmando que la Federación jamás lo apoyó, aun cuando era en beneficio directo de dicha institución, del tenis y del país, entregándose por entero a Chile en cada competición de la Davis y otros, como su periplo olímpico en Atenas y en Beijing, teniendo como principal apoyo a su familia, a la cual se le había faltado el respeto, “la confianza y el honor”.
El retiro de González se prolongará hasta que Hinzpeter y toda la directiva actual permanezcan en sus funciones, condicionando su hipotética vuelta al equipo de Copa Davis, la cual vendría con la novedad de que todo el dinero que obtenga en las competiciones por el país, serán donados “en beneficio de todos los menores de Chile que tengan condiciones y sueños que pudieren truncarse por falta de apoyo y gestión dirigencial”.
A esta polémica, se le suman los cuestionamientos por parte de Massú, Capdeville y del propio González, a la administración de los dineros obtenidos en la fecha copera jugada ante Australia en septiembre del 2008, donde pidieron por medio de una carta, aclarar los números de dicho evento, amparados en algunas dudas que tenían por las ganancias que habían facturado, no sólo los tenistas, sino que también la Federación y la propia Municipalidad de Antofagasta, cede del match de Copa Davis.
Debido a la dimisión del mejor tenista criollo en la actualidad, los problemas para el alicaído equipo chileno aumentan, ya que durante este año, deben jugar por la permanencia en el grupo mundial, comandados casi con seguridad por Nicolás Massú, que lejos de su mejor nivel, no ha mostrado indicios de mejoría en su juego, mucho menos para duelos de la magnitud de la Copa Davis. Al viñamarino, se le sumaría Paul Capdeville, que durante las temporadas, sólo plasma destellos de talento y buen juego, que lo tienen poco acostumbrado a la consistencia y eficacia que demanda un equipo sediento de triunfo, pero más herido que nunca.
La directiva de la Federación de Tenis se ve en una encrucijada, cuestionados por el mejor exponente del tenis nacional, la situación no se ve alentadora para ellos, ya que tendrán que lidiar con la presión que les ha puesto Fernando González, teniendo a su haber dos caminos, dejar la Federación y permitir la vuelta del chileno, o mantenerse, y arriesgar a hundir a Chile en un pozo, que sin González, y con un Massú cada vez menos apto, con un fondo casi imposible de sobrellevar en el mediano y largo plazo.
De seguir con la situación actual en la denominada “familia del tenis”, la noche no sólo se le vendría al equipo de Copa Davis, sino a todo el medio tenístico de Chile, que aspira a ser un aporte al país en algunos años, aunque siempre impedidos por el escaso apoyo de empresas e instituciones, lejos de las visiones futuristas de las grandes potencias a nivel mundial, que cada año cosechan los frutos que sembraron al invertir en jóvenes promesas. El tiempo corre en contra, y en Chile, por ahora, no se comienza a sembrar.
martes, 28 de abril de 2009
La gripe porcina bajo el foco mediático

sábado, 25 de abril de 2009
Frost/Nixon: relato y análisis de una entrevista que impactó al mundo entero Parte II

5 días antes de la última entrevista el pesimismo embargaba el entorno de Frost. El animador de televisión comenzaba a preguntarse con qué propósito había intentado tal hazaña comunicacional, viéndose en un escenario con la reputación más baja de toda su carrera, al haber tratado de lograr la confesión de Nixon con nula experiencia en temas políticos. A ello se sumaba la clausura de su programa en Australia, dada su prolongada ausencia y el escaso apoyo que tenía por parte del directorio, lo cual le cerró las puertas a un Frost que estaba ad portas de un descalabro. La esperanza comenzaba a apagarse en el rostro de uno de los pocos que nunca dejó de creer.
Pero una llamada cambió todo. Richard Nixon telefoneó en la madrugada a un agotado y decepcionado David Frost, que vio una luz de esperanza con los dichos del ex presidente. Fue una conversación casi en monólogo. Frost escuchaba atentamente las reflexiones de Nixon en torno al motivo que los reunía en una entrevista. El éxito y el fracaso, la delgada línea entre ambos horizontes y la presión social de llegar a lo más alto sin importar los medios, eran algunos de los comentarios que hacía el estadounidense y su experiencia como político en lo gloria y al mismo tiempo, envuelto en el escándalo más grande del cual Estados Unidos tenga memoria.
El 22 de abril de 1977, llegaba el cuarto y último día de entrevistas con un Nixon expectante ante las preguntas que pudiera hacer Frost en la ronda más complicada e histórica del último siglo. Aquella intervención no sólo cambiaría la relación del periodismo con la política, sino que sentaría el precedente del primer presidente en renunciar a su cargo en Estados Unidos, admitiendo su culpabilidad y acabando con toda señal de su vuelta a un cargo público, del cual abusó de manera indefectible y consciente.
Frost utilizaba inteligentemente palabras controversiales como la obstrucción a la justicia, el abuso de poder y el espionaje al partido opositor de forma totalmente ilegal y criminal. Al mismo tiempo, en conversaciones previas al reconocimiento de Nixon de no saber nada de Watergate antes del 21 de marzo de 1972, existían afirmaciones registradas del ex presidente sobre la extracción de dinero, la prohibición de que su equipo hablara y la misión de su abogado de retirar más de 200.000 dólares para supuestos fondos benéficos inexistentes.

La presión no podía ser más en los hombros de Nixon, por lo que Frost, pujó con una pregunta simple y magistral. “En ese caso, ¿admite usted de una vez por todas, que fue parte de un encubrimiento y que quebrantó la ley?” Al verse en una encrucijada, Nixon, protegido por su equipo por un instante, tuvo que reconocer sus errores y la violación a las leyes dentro del marco político, algo que ni siquiera el presidente podía pasar por alto.
Era el clímax de una entrevista apetecida e histórica. Frost había logrado su cometido y retiró de manera definitiva a Richard Nixon, un experimentado político y de las comunicaciones, que debió enfrentarse a un inexperto David Frost, pero que, en palabras de Bob Zelnick, tenía una ventaja sobre el resto de las personas, David Frost “entendía la televisión”.
Era el momento del antes y el después para Nixon. Su equipo de asesores lo sabía, él lo sabía. No tenía otra opción más que volver a sentarse y terminar la entrevista, concediendo, dado los hechos irrefutables, su confesión de culpa y su ingreso al anonimato en las más completa vergüenza política de carácter histórico, para un país que debió mirar la cara de un Nixon absolutamente sorprendido por la situación y por la única opción que le quedaba: admitir que se había equivocado.
Frost le pidió a Nixon decir tres cosas: reconocer que hubo un crimen, admitir el abuso de poder y mirar a los ojos al pueblo norteamericano y afirmar que los sometió a dos años de “agonía” producto de la guerra de Cambodia y Vietnam, la cual le costó la vida a miles de estadounidenses. A ello, Nixon respondió que cometió errores, “horrendos, que no son dignos de un presidente”, además del encubrimiento, del cual fue parte, asumiendo su “profundo arrepentimiento”.
“Nadie sabe lo que se siente renunciar a la presidencia”, fueron las palabras de un Nixon irreconocible. Frost logró encajar una pregunta que logró conmover a Nixon, cuestionándolo por el pueblo americano. El ex presidente logró decir al fin, “los defraudé”, “defraudé a mis amigos, defraudé a un país, y lo peor de todo, defraudé a nuestro sistema de gobierno”.
“Mi vida política ha llegado a su fin”. Richard Nixon, implacable durante toda su carrera, tocaba el corazón de los norteamericanos, admitiendo sus errores, la decepción que causó y la tristeza que llevaría por el resto de su vida, cargando con una culpa difícil de soportar para el único presidente que debió renunciar por un caso de corrupción ineludible.
David Frost tocaba el cielo, pero más que eso, se plasmaba el poder de la televisión, el poder de preguntas claves y el poder de una imagen difícil de olvidar, el enfoque al rostro de Nixon, tocado por la soledad, embargado por la decepción, y atrapado en una culpa que la historia no liberara jamás.
Frost/Nixon: relato y análisis de una entrevista que impactó al mundo entero

La película Frost/Nixon, escrita y dirigida por Ron Howard y protagonizada por Frank Langella, Michael Sheen y Sam Rockwell, relata el proceso que terminó por sentar frente a frente, a un “inofensivo” animador inglés, y al ex presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, único mandatario de la historia norteamericana en renunciar a su cargo por un escándalo político de proporciones, que lo obligó a dejar de manera anticipada la Casa Blanca en 1974, en absoluta impunidad.
En Australia, David Frost se enteró del hecho ocurrido en Estados Unidos, y viendo la gran oportunidad que tenía en sus manos, se encomendó el objetivo de lograr la exclusiva con el implacable Nixon, que por tres años, no permitió ninguna entrevista a ningún medio de comunicación, guardando celosamente sus impresiones sobre Watergate y su implicancia en el caso que le cerró las puertas a su vida política.
La clave era simple para Frost; ofrecerle a Nixon algo que ningún otro medio o entrevistador pudiera, sumado a su escasa reputación como un “peso pesado” de las entrevistas políticas, el inglés asomaba como una presa fácil para ofrecer los hechos de la boca del ex presidente, y una fuente de mucho dinero. El animador de televisión le ofreció $ 500.000 dólares por la entrevista, dinero que tuvo que aumentar a $ 600.000 para la aceptación definitiva de Nixon y su equipo de asesores, que lo instó a aceptar la entrevista, dada las condiciones favorables y el dinero en juego.
Swifty Lazar, asesor y agente de Richard Nixon, logró persuadir al ex presidente de aceptar la entrevista de David Frost, por la poderosa razón de su desconocimiento ante tal evento político, en desmedro de los experimentados periodistas de la cadena CBS, que le ofrecían hasta $ 350.000 dólares, pero una verdadera batalla campal con el objetivo de lograr la confesión de Nixon, sinónimo de dinero y audiencia de inimaginable proporción.
En 1976, en Nueva York, David Frost, en compañía de su productor y amigo, John Birt, comenzaron su periplo camino al gran encuentro con Richard Nixon. A su equipo, se le sumó el escritor y gran crítico de Nixon, James Reston Jr. y el hombre de las noticias de la cadena ABC, Bob Zelnick, encargados de reunir todo el material de estudio para las preguntas que se le harían al ex presidente en la serie de entrevistas pactadas para 1977.
En la reunión previa a las entrevistas, David Frost no tenía patrocinadores. Tenía un contrato por $600.000 dólares, de los cuales tuvo que pactar $250.000 en un cheque propio sin fondos para esa cantidad, ejemplificando el ímpetu de lograr la confesión de Nixon, ateniéndose al tremendo riesgo que significaba subirse a un tren que lo podría llevar a la ruina total, o al éxito comunicacional más grande del que se tenga memoria.
Pero el proceso no sería fácil. Los propósitos de Frost en un principio, fueron meramente lucrativos y por el éxito personal. Sin embargo, el equipo que lo acompañó, lo hizo ver más allá, y entender la tremenda oportunidad que tenía a su haber. Tendría frente a él, por largas horas, al político más cuestionado del último siglo, con la opción de lograr que confesara sus culpas, y le admitiera a todo el mundo sus errores, aciertos y la devaluación que logró darle al sillón de la Casa Blanca. Sin duda, una confesión que Nixon nunca esperó dar, y que Frost logró extraer.
Por largos meses, la preparación fue exhaustiva, revisando la carrera de Nixon de principio a fin, presionados por la coyuntura, el miedo al fracaso, y la popularidad de la que gozaba Frost en esos años, ya que muchos canales de televisión y periodistas, vieron en su objetivo, una verdadera broma, guardando nulas esperanzas de que un presentador inglés de televisión pudiera poner en aprietos al hábil y experimentado Richard Nixon.
El hotel Beverly Hills sería el epicentro del equipo de Frost para preparar el material de las entrevistas. En enero de 1977, Frost, Birt, Zelnick y Reston se preparaban para llevar a cabo el asalto comunicacional de sus vidas, con muchos sobre saltos en el camino, que incluso hicieron peligrar la estabilidad de un grupo que logró su cometido cuando las esperanzas se esfumaban.

Verano de 1977. Frost frente a Nixon. Una entrevista que cambiaría el curso del siglo. El primero de los encuentros se llevó a cabo el 23 de marzo. Con dos horas por grabar, Frost se dio cuenta que se encontraba frente a un hueso difícil de roer por donde lo mirara. Cada pregunta la desviaba a sus logros, y los hechos que oscurecieron su gestión, plasmados inteligentemente por Frost, los transformaba amparado en la difícil coyuntura que vivía Estados Unidos en la década de los setenta.
Richard Nixon sabía a lo que iba y tenía plena conciencia del poder de la entrevista, ya que de salir airoso, podría darle nuevos aires a sus aspiraciones políticas del futuro, teniendo en cuenta lo importante que resultaban sus dichos y la convicción de jamás reconocer su incidencia en Watergate, arma de doble filo. Nixon estaba ante dos caminos, el del fracaso y el retiro político, o la vuelta del presidente en la pelea por la Casa Blanca una vez finalizado el escándalo.
La táctica de Nixon era tan fascinante como simple. Alargaba las respuestas de manera que se desvirtuara totalmente, y la táctica de Frost de darle en algún punto débil de su gestión, no lograra el éxito esperado. A ello, se sumaba el factor del tiempo, ya que eran dos horas, por lo que cada pregunta no podía pasar de los cinco minutos, números que manejaba a la perfección el ex presidente. No dejaba entrar a Frost en ningún momento de la intervención, argumentando sus respuestas con recuerdos anteriores a su mandato que incluso, no tenían relación con la pregunta ni menos con la base de la respuesta.
Frost se encontraba con complicaciones financieras, perdiendo importantes patrocinadores, dada la escasa credibilidad que poseía el inglés en la arena política comunicacional. Luego de la primera entrevista, los dos millones de dólares que necesitaba reunir, estaban lejos de ser concretos, ya que sólo tenían reunido el 30% de ese dinero, factor que aumentaba la desesperación de Frost y su equipo, que con el paso de las horas, perdía la fe en un proyecto condenado mucho antes de comenzar.
Las entrevistas se hacían tediosas y largas; Frost no lograba encajar con la pregunta adecuada, y Nixon se hacía presidenciable una vez más. Con la elevada convicción de sus palabras, el ex presidente ganaba adeptos, sensibilizaba a sus opositores e imprimía en su discurso, pedidos implícitos del perdón y una nueva oportunidad de comandar un país que lo eligió y que sufrió una decepción que comenzaba a desaparecer gracias al manejo magistral de Nixon ante las cámaras, hundiendo a Frost, financiera y mediáticamente.
Vietnam, Cambodia y Watergate eran los puntos fuertes del cuestionario de Frost, pero Nixon sabía redondear las preguntas y envolver sus errores en aciertos de acuerdo a la situación mundial de ese entonces. Alargando al máximo, sacando de contexto sus respuestas y presionando a Frost, el ex presidente entraba en tierra derecha a conseguir un éxito mediático que lo podría haber catapultado al olimpo político más temprano que tarde.