domingo, 11 de octubre de 2009

"Por lo que están, y por los que no"


Marcelo Bielsa no olvidó a los que ya no aparecen en sus convocatorias o a los que ya se retiraron pero que en algún momento fueron parte del proceso de Chile rumbo al mundial. El momento que grafica ese homenaje es el primer gol de la selección a Uruguay en el Centenario de Montevideo, cuando de una jugada de Hugo Droguett, Carlos Villanueva logra desbordar y centrarla para Salas, quien de cabeza lograba el empate parcial para la Roja. Tres que ya no están, pero tres que no han sido olvidados.

Mucho se ha escrito y dicho sobre la clasificación de Chile al Mundial de Sudáfrica 2010. No era para menos, 12 años esperando que por fin un proceso fuera enfrentado de manera profesional y madura, con gente capacitada y talentosa, sumando a ello, un esquema de trabajo digno de las grandes potencias del fútbol. Hubo una inversión monetaria e ideológica que fue clave para que la celebración sea una realidad una fecha antes de finalizar las Eliminatorias.

Habrá gente que se subirá al carro de la victoria sin haber hecho mucho, de esos que criticaron a la selección cada vez que perdía o hacía una mala actuación. Y habrán otros que seguirán en el anonimato siendo los principales protagonistas de una verdadera hazaña nacional, aquellos que trabajan detrás de la cámara, en el camarín, en la oscuridad, de esos personajes que sólo los jugadores y cuerpo técnico valoran y conocen como una pieza fundamental en el puzzle que significó lograr los pasajes al Mundial.

En la conferencia de prensa de Marcelo Bielsa, se dio a conocer una vez más todo el potencial humano y profesional con el que cuenta el argentino, quien no escondió sus deseos de que su natal país clasificara a Sudáfrica, además de hacer especial énfasis en el logro de sus dirigidos, quienes con la “rebeldía” impuesta por el “Loco”, lograron sobreponerse a cada valla que la competición sudamericana, una de las más difíciles de todo el mundo, le puso a una madura y capacitada selección chilena.

“Por lo que están y por los que no”, dijo Bielsa. Así fue en cada partido, así será en cada minuto rumbo a África y en el mismo Mundial. Para aquellos fanáticos e hinchas de corazón que no pudieron volver a vivir la vuelta de la Roja a una cita mundialista, hoy envían sus energías desde algún lugar, con lágrimas en los ojos, con la bandera pegada en el pecho, y un sueño que ha vuelto a tornarse en la realidad más dulce de la última década.

viernes, 9 de octubre de 2009

A un paso de la historia


Medellín, Colombia podría ser el escenario en que Chile pueda decir al fin que está en un Mundial después de 12 largos años de ausencia de la elite del fútbol y en la humillación casi asumida en Sudamérica. Más que tres puntos, más que clasificar terceros o cuartos, entre ceja y ceja está puesto el continente africano, que devuelva a Chile a gritar un gol en pastos mundialistas, de esos que rememoren el momento ensordecedor de un puñado de chilenos cuando Salas se “subía a la mágica escalera” para conectar el segundo tanto ante Italia, ante la mirada atónica de los europeos y el relato imborrable del eterno Pedro Carcuro.

Para muchos Chile está clasificado pero no vaya a repetirse el dicho que ni quiero recordar: “en la puerta del horno se quema el pan”. Es de esperar que la Roja pueda responder a las exigencias, deje en el camarín las ansiedades y despliegue el trabajo y talento ante un combinado colombiano golpeado por el bajo apoyo de sus fanáticos y escasas posibilidades de acceder al Mundial.

De más está decir que los pasajes de Chile al Sudáfrica 2010 devolvería el alma al cuerpo a tantos hinchas que fueron a cada partido en estos 12 años a apoyar a Chile cuando estuvo arriba y cuando estuvo abajo; de más está decir que el pase al Mundial será un homenaje implícito a los que ya no están y tanto entregaron al deporte chileno como Julio Martínez, y en un perfil más bajo pero no menos producente, Franco Carcuro, el fallecido hijo de Pedro Carcuro, que sabe como nadie, cuánto quiere su hijo que Chile brille en África y puedan conectarse más allá de lo físico, en la metafísica que es la pasión del fútbol.

Todo queda en manos de 11 guerreros empujados por 16 millones que ahogan en su pecho el grito final del gol que los lleve de vuelta al sitial que han merecido a lo largo de todo el proceso eliminatorio: Sudáfrica, here we go.

lunes, 5 de octubre de 2009

Río, llegó tu hora


Las lágrimas en los ojos del astro del fútbol, Pelé, y del presidente de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, evidenciaron las ganas que tenía el país de la samba en celebrar por primera vez en la historia de Sudamérica, unos Juegos Olímpicos.

Los rivales eran de peso, con Obama defendiendo las posibilidades de Chicago, Nadal y el rey Juan Carlos haciendo lo propio con España, y Tokio, haciendo gala de todos sus recursos destinados a ofrecer el mejor evento deportivo de la historia.

Pero era su turno. Era la hora de poner las cosas balanceadas y darle el último empujón a la potencia mundial que es Brasil, sediento de reconocimiento y esplendor, que ya organizó los Juegos Panamericanos en Río de Janeiro y logró adjudicarse el próximo Mundial de fútbol en el 2014. No fue suficiente, quisieron completar una década de deporte e historia y firmar la sede de Río para organizar los Juegos Olímpicos en suelo latinoamericano, por segunda vez después de México en 1968.

La justa olímpica llega en buen momento para los cariocas. Con una economía sobresaliente y autosuficiente, con un mercado activo y uno de los lugares con mayor historia futbolera y deportiva en general, Río de Janeiro ha sido elegida no sólo para compensar el olvido en que quedó el continente a la sombra de Estados Unidos y Canadá, sino que se trata del ambicioso proyecto de da Silva de llenar cultural y deportivamente a todo su pueblo, sumido en una pobreza y una delincuencia con un único fin anticipado: las drogas.

Todos los males sociales que afectan al Brasil de hoy pueden comenzar a peligrar si el deporte se inmiscuye de manera gradual, como fueron los Panamericanos, como será el Mundial y el éxito rotundo que espera ser Río en el 2016.

Para Latinoamérica también supone una victoria, no sólo por cercanía, sino porque todo el mundo se acordó que existe un continente rico en potencial deportivo y humano. Desde Copenhague nos dieron la oportunidad, y ya estaba bueno. A Sudamérica, le llegó la hora.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Made in Chile


¿Qué es ser chileno? Quizás la pregunta más difícil en estas fechas después de preguntar qué celebramos el 18 de septiembre. No, no es la independencia, sino que es la fecha en que se proclamó la Primera Junta Nacional, que dio pie a la organización de una nación cansada de abusos y de ser una colonia, y aunque no estaba lista para ser independiente, sus ansias y amor por su tierra, sembraron los frutos que apreciamos 200 años después cuando estamos a un año de celebrar el bicentenario de Chile.

Volviendo a mi pregunta, y quizás para cualquier nacionalidad, es difícil de contestar por tratarse de una inquietud ambigua, subjetiva, y cómo no iba a serlo si cada chileno vive su nacionalidad de acuerdo a su vida. Algunos tienen vergüenza y quisieron ser italianos como Marco Enríquez-Ominami, y otros cantaron “¿Por- qué no se van?” en la histórica década de los 80´. Otros simplemente se remiten a la “piscola” y a ser parte de un país tan largo y angosto que en el mapa casi se pierde si no fuera por las letras verticales que separan a nuestros vecinos Argentina, Perú y Bolivia.

Ser chileno es mucho más. Es un sentimiento que renace cada vez que el himno nacional suena en algún estadio europeo, o algún chileno logra resaltar sobre el resto en el área y en la disciplina que fuera o impone una curiosidad que ningún otro ciudadano del mundo se le hubiese ocurrido como el “astuto” que registró la luna como su propiedad.

Cómo olvidar los incesantes “C-H-I” cuando el país logró las sufridas medallas de oro en Atenas 2004 gracias a la proeza del “Nico” Massú y de Fernando González, o cuando Marcelo “Chino” Ríos lanzaba la raqueta al público y levantaba los brazos luego de derrotar a Andre Agassi para convertirse en el número uno del mundo.

La chilenidad es un amor que florece cuando estamos lejos de la patria y escuchamos con orgullo y aires de grandeza que Gabriela Mistral y Pablo Neruda son recordados como dos grandes de la poesía, dos premios Nobel, dos históricos, dos patriotas.

El patriotismo chileno es especial de por sí, algo así como el amor que reza Alejandro Sanz cuando canta “Qué fácil decir te quiero cuando estamos solos, lo difícil es hacerlo cuando escuchan todos”.

Chilenos que viven en el extranjero saben de eso y mucho más. Saben de la sensación que existe cuando juega la selección chilena y en un pequeño bar a 6 mil kilómetros de Chile se reúnen unos veinte y hacen el mismo ruido que una congregación en Plaza Italia luego de cada victoria nacional. Saben que cuando ven una bandera, una camiseta de un equipo chileno o escuchan el “wn”, se sienten un poco más cerca de casa y entran con la frase “¿Eri chileno?”. Una tradición.

Si hubiera una forma en que cada chileno viviera un tiempo fuera de su país y entendiera todo el amor oculto que hay por su patria, Chile sería otro, un país que sabe de sus malos tiempos pero que ha sabido levantarse y volver a enamorarse de si mismo.

Felicidades Chile.

martes, 15 de septiembre de 2009

Las ironías de un rey



El disco más vendido de la historia, los videos musicales más caros y famosos, polémicas por doquier y una genialidad sobre el escenario rodearon la vida del Rey del Pop, el hombre récord, Michael Joseph Jackson.

Con “Jacko” todo se puede y los suicidios ocurridos luego de su deceso para estar más cerca de su ídolo no se escapa de la realidad; a fin de cuentas, se trataba del músico más famoso del planeta, el artista que muchos conocían por delante de otros personajes tan emblemáticos como el mismo Jesús.

Durante los casi 51 años que pisó la tierra, Michael Jackson marcó la diferencia en todos los aspectos de su vida. Fue el más talentoso de todos sus hermanos, se movía como nadie podía hacerlo y logró combinar de manera armoniosa sus dotes artísticos para deslumbrar al mundo entero.

A sus cortos 24 años, Jackson tenía el mundo a sus pies. En la celebración de los estudios Motown, “MJ” interpretó uno de sus más grandes hits, “Billie Jean”. Pero eso no era todo; con guante en mano y un baile que hizo delirar a las asistentes, Jackson inmortalizó el paso que lo seguiría por el resto de su vida: el moonwalk.

Algunos dicen que lo copió, otros dicen que lo inventó. Qué importa, Michael Jackson sabía cuándo, cómo y qué paso debía hacer para elevar el éxtasis de su público a la máxima expresión.

Las excentricidades y los misterios fueron su más fiel acompañante en la solitaria vida que siempre llevó, siendo un obsesivo con el sufrimiento de los niños y su afán por formar parte de ellos, como viviendo en su carne, la niñez que nunca pudo tener.

Familiares, “amigos” y conocidos rodearon la vida del astro del pop, pero en su intimidad, Michael Jackson “era el hombre más solo del mundo”, afirmó alguna vez Latoya Jackson, su hermana. No era para menos, el costo de ser el hombre más famoso sobre la tierra trajo consecuencias catastróficas en su vida privada y en su carrera profesional, que se caía a pedazos cada vez que una polémica se asomaba en el horizonte de los medios de comunicación.

Su aspecto físico se transformó y Jackson se convirtió en un hombre blanco mientras cantaba “Black or White”, una especie de contradicción que se refugiaba en sus constantes excusas de tener vitíligo (despigmentación de la piel).

Durante la década de los noventa, Jackson realizó dos giras mundiales que rompieron todos los récords: History World Tour y Dangerous World Tour. Cerca de cuatro millones de personas vieron en vivo y en directo al talento del siglo, con presentaciones que incluso hicieron temblar el bolsillo de sus auspiciadores, que veían cómo Jackson llevaba a la realidad algo económicamente inviable.

La luz del rey del pop comenzó a apagarse durante varios años, sobre todo hacia finales de la década de los noventa y a lo largo de los primeros años del nuevo siglo, que fue testigo de diversos discos con los mejores éxitos de Jackson a lo largo de su carrera, aunque más de uno fue con la intención de recobrar parte de su alicaída fortuna.

Para muchos, su último hit fue “You Rock My World”, del disco Invincible (2001), el cual atrajo la atención del mundo entero ya que se trataba de la vuelta del rey del pop a los videos que lo hicieron tan famoso, pero al mismo tiempo se trataba del presagio de que su corona se caía sin consuelo alguno, y que los años traerían desgracia y problemas financieros a la triste vida del célebre artista.

Tras 10 años alejado de los escenarios y unos cuantos lejos de las cámaras, Michael Jackson anunciaba ante la sorpresa de todos, su vuelta a los escenarios en gloria y majestad a Londres en el teatro O2, en una serie de conciertos que ofrecería bajo el título de “This is it”, su última incursión antes de retirarse debido a su debilitada salud y peor imagen pública.

Su apuesta no se haría realidad, y Jackson caería inconsciente debido al abuso constante de medicamentos que acabaron con su salud y su vida, enterrando el cuerpo de un maestro de la música, pero inmortalizando su legado artístico para siempre.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Una vida de pasión y razón


Era el 29 de octubre de 1988. Florentina Soto esperaba con ansias la llegada de su cuarto bisnieto al mundo, un varón que debía nacer dos días después; pero el destino dijo otra cosa y nunca pudo ver abrir los ojos del pequeño Felipe, un bebé al que lo tildaron de “gringo” por sus casi invisibles cejas, ojos azules y un cuerpo abrazado por una gordura delineada por el pincel de Botero.

Felipe Humberto Vallejos Mellado se enteraría años después que nunca pudo conocer a su bisabuela, que tenía un gato llamado Felipe y que gustaba de los rubios; así es la vida. Mientras tanto, en esa calurosa tarde del aún no tradicional Halloween, el nuevo habitante de la clínica Francesa nacía y llegaba al mundo siendo el cuarto y último integrante de la familia, era el “bebé” de la casa.

Cuando tenía menos de un año, Patricia Mellado, su madre, tomó la decisión de hacer maletas y doblarle la mano al destino de una vida que le auguraba malos momentos. Su padre biológico no encontraba la madurez para hacerle frente a una familia y sólo vería a Felipe y a su hermana Patricia Vallejos esporádicamente, con salidas sabatinas al cine y en los veranos un cierto de periodo de tiempo, que poco a poco comenzaba a caer por su propio peso.

La vida le deparaba desafíos que lo forzaron a madurar anticipadamente. Su madre tenía hasta tres trabajos para mantener a sus hijos y muy poco tiempo para educarlos. Encontró un aliado en el “gringo” ya que se trataba de alguien tranquilo, “dócil” como suele decir su madre y algo apagado aunque en el buen sentido.

Luego de un tiempo marcado por la incertidumbre, un hombre llamado Christian Mahuzier se cruzó en el camino y los tomó de la mano sin obligación alguna, pero que terminaría dando su vida y esfuerzo por ellos, siendo su papá, su sustento, su amor, su último eslabón que tantas veces brilló por su ausencia.

Sin fisionomía ni apellido que ayudara, todo el mundo sabía que Felipe era Vallejos y no Mahuzier, pero la vida diaria y la educación marcaron la diferencia en su vida. No fue solamente el concepto familiar que se trató cada momento, ni todos los juguetes que le adquirieron, sino que fue la figura paternal presente en su vida, la formación personal y educacional, la construcción de un joven que vería más allá.

Asistió casi toda su vida al Thomas Jefferson School, de los primeros colegios bilingües presentes en Concepción, ciudad al sur de Santiago de Chile, y que le darían las herramientas necesarias para encontrar el amor de su vida: el periodismo. No sería hasta muchos años después que revelaría en su blog sus dolores, verdades y sueños que quería alcanzar en su jovial pero intensa vida.

Años de estabilidad y crecimiento marcaron su niñez. Cuando tenía ocho años llegó al mundo la pequeña Milka, quien a pesar de ser media hermana, sacó un parecido físico mucho más cercano que con Patricia, la mayor de los tres hermanos. Para salir de apuros, su hermana más grande, aseguraba que era adoptado y que por eso no tenían parecido alguno.

Poco tiempo después, Felipe viviría uno de sus más grandes dolores: la enfermedad de su hermana más pequeña. A los seis años, Milka fue diagnosticada con Diabetes tipo I, más conocida como la diabetes juvenil, una condición de vida que debería llevar por el resto de sus días, teniendo que preocuparse por la comida que consumiera, la insulina que debía inyectarse y lo peor de todo, perderse lo más preciado que tiene un niño: su inocencia y visión por la vida.

La familia vivió el pesar de manera fuerte e inesperada. Todos cooperaron y estudiaron para que Milka se sintiera acogida y pudiera sobrellevar el dolor. No fueron tiempos fáciles, el trabajo escaseaba y la situación se tornaba inestable. Su padre tomó la decisión de buscar nuevos rumbos y mudarse a Santiago, la capital de Chile, donde trabajaría un año y medio para luego volver a Concepción debido a que la situación no mejoró, más bien empeoró. Lo impensado se aproximaba.

Mayo de 2007. El corazón de un hippie irremediable le decía a Christian Mahuzier que era momento de vivir la experiencia extranjera con toda la familia y buscar nuevos horizontes laborales, y fue así como decidió trasladarse a República Dominicana con su esposa, Milka y Felipe, dejando a Patricia, la hermana mayor, en Chile debido a los pocos años de estudio que le quedaban.

Los sentimientos eran encontrados. Felipe sintió el impacto de no saber qué estaba por venir, aunque con el conocimiento de tantos programas y documentales sobre chilenos viviendo en el extranjero, conocidos como los “patiperros”; ahora sería uno de ellos.

Luego de tener más de una despedida con sus amigos y familiares, un melancólico “Felo” armó las maletas y su corazón, diciéndole adiós a su amado Chile, ese que no ha vuelto a ver más que en el horizonte y en sus recuerdos. Dos años han pasado desde esa vista hacia atrás por la ventana del avión, ese último rayo de sol de su querida patria.

En la actualidad, se encuentra estudiando lo que le apasiona en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) y trabajando hace pocos meses en una revista en el comienzo de su incursión en los medios de comunicación. Vive una etapa que parecía tan lejana, pero que poco a poco se convierte en una realidad prometedora y una que de seguro dejará una huella imborrable en su paso por una isla en el caribe, que dejó de ser un mal recuerdo para pasar a ser una etapa de crecimiento y madurez que durará por toda la vida.

domingo, 5 de julio de 2009

Simplemente un gigante


Roger Federer ya escribió la historia legendaria del tenis, luego de conquistar su decimoquinto Grand Slam, su sexta corona en tierras inglesas y recuperar el trono del primer lugar del ránking de la ATP World Tour, que estuvo por 48 semanas en poder del español, Rafael Nadal.

Con el de Wimbledon, el suizo totalizó 60 torneos del circuito, logró desplazar a Pete Sampras como el más ganador de los Slams y se perfila como serio candidato a quedar como el mejor de los mejores al final de la temporada, en la cual ya rozó la hazaña en Australia, levantó el trofeo en Roland Garros y se adueñó del césped del All England.

Por si fuera poco, el mismo "Pistol Pete" fue hasta Londres para presenciar la final entre el suizo y Andy Roddick, quien venía con sed de venganza luego de las dos caídas en la instancia final a manos de Federer. Como si se tratase de una historia repetida, el estadounidense, jugando a gran nivel, no pudo contra la maestría y el talento de "Fedex", quien extremó recursos para llevarse el partido en cinco sets y cuatro horas de juego; una verdadera maratón de tenis.

Se hizo justicia, y no por cosas injustas, sino porque el destino lo quizo así, y es que el responsable de que Roger Federer no haya conquistado más Grand Slams y haya perdido el primer lugar de la ATP se llama Rafael Nadal, un monstruo del tenis que se apareció en el camino del suizo hace unos años y comenzó a trabar el camino de la gloria del tenis y la historia del helvético, que tuvo que atravesar más de una crisis antes de tocar el cielo.

Todos los fantasmas desaparecieron luego de levantar de una buena vez el "grande" que le faltaba: Roland Garros. Sus posibilidades se acentuaron cuando el sorprendente Robin Soderling dejó en el camino al agotado y lesionado Rafael Nadal, quien más tarde tendría que retirarse de Wimbledon y abrirle el camino a Federer y su vuelta al olimpo del tenis. Sin Nadal en la arcilla parisina, Roger se hizo amo y señor del torneo y aplicando toda su explosión, aplastó al mismo Soderling en la final y de esa manera, pudo conquistar el Grand Slam (los cuatro grandes), sacándose un peso de encima, un peso que le reportaría alegrías impensadas.

en las últimas semanas de junio, el All Englan Lawn Teniss Club se preparaba para albergar el torneo más tradicional del mundo, el cual sería escenario de la proeza del más grande de la historia. Wimbledon era el momento y la instancia perfecta para que Federer volviera en gloria y majestad al sitial que merece un jugador de su naturaleza, un fenómeno nunca antes visto. Por si fuera poco, toda la atención se centró en él cuando Nadal anunciaba que no jugaría Wimbledon tras no superar una rebelde lesión a la rodilla, que incluso mermó su tenis en Roland Garros, y ahora, lo alejaba del césped inglés y del número uno del mundo, que tenía los días contados en las manos del manacorí.

Dos semanas aplastantes; pocos sets dejados en el camino y un talento que mejoró con los días, fue el repertorio de Roger Federer, que tuvo como último escollo a un viejo conocido: Andy Roddick. Comenzó perdiendo el primer set ante el sorprendente norteamericano, quien demostró toda su experiencia y despliegue, sobre todo por su saque, que dejaba atónitos a los asistentes. Pero luego entraría Federer, quien se llevó el segundo set luego de salvar cuatro puntos en el Tie Break, equiparando el marcador. Misma historia en el tercero; ganando puntos claves, el suizo se ponía 2-1 en sets ante Roddick y se encontraba a 6 games de la historia.

En el cuarto set, Federer bajó su nivel y Roddick se lo hizo saber. Con nulas posibilidades de quebrar y cediendo su saque, el suizo dejó escapar la cuarta manga por 6-3, dejando todo para el quinto y definitivo set. En el desenlace, llegaron a estar a 14 juegos igualados, y nadie cedía, hasta que ocurrió lo impensado. Luego de cerrar su saque y ponerse 15-14, Federer abrazó la historia y logró quebrarle el saque al impotente Roddick, quien vio como su oportunidad se le esfumaba, y se convertía en un espectador más de la escritura dorada de la historia del tenis con un autor inmortal: Roger Federer.

El helvético se convierte así, en el más grande de su época, se mete en la pelea por la autoría del mejor de los mejores, e ingresa al salón de las leyendas, una habitación que reune a los más talentosos, pero también, a los que han sabido concretar sus posibilidades, renacer de sus crisis y tener la pasta de campeón, con la cual se nace, no se hace; y Federer es la prueba viva de que lo imposible es posible y mucho más.